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Por Julio Lagos, locutor y periodista argentino:

La frase hecha sostiene "habla solo como los locos". Más allá de que cada vez vemos a más gente que habla sola por la calle, y su estado mental no pasa de una marcada preocupación o estrés.
Además, en una de esas, los locos hablan solos porque no tienen con quién hablar.
Nunca se sabe dónde empieza el circuito de causa y efecto.
Bah, seguramente lo saben los psicólogos, claro.
Yo apenas soy locutor, y muchas veces me sentí incluido en aquella afirmación popular. Porque no me negarán que hay que estar loco (o casi...) para hablar solo delante de un aparato llamado micrófono.
Sin embargo, alguien me salva de la alienación: el oyente.
El escucha, el auditor, el escuchante, como se lo quiera denominar.
El otro, ese que está del otro lado.
Muchas veces tengo la comprobación de que alguien me escucha. Antes era la carta, ahora es el mail. O el llamado telefónico. Esos son signos de que le hablo a alguien, y ese ser desconocido se manifiesta a través de un mensaje.
Pero también está, a través del tiempo y muchas veces de manera imprevista, la respuesta que llega en un café, en la cola de una oficina pública o en el colectivo. Es cuando una persona se acerca y dice: "A vos te escuchaba cuando iba a la facultad". O si no: "Cuando tuve la hepatitis te oía". Y también: "Yo estaba embarazada de mi hija mayor cuando me acompañaba por la radio."
Son las historias de otras personas, que van armando -como en esas colchas que se hacen con retazos- mi propia historia.
Y en esa identidad multiforme están los que viven lejos. Los que me han contado que se iban, los que me mandaron las fotos de las valijas en el living de la casa que dejaban, y pocos días después me enviaron la imagen de ese mismo equipaje en una nueva y lejana casa.
Muchos se quedaron, establecieron su familia. Hubo quienes armaron otro grupo familiar. Algunos vinieron esporádicamente de visita, otros lo hacen todos los años. Y están los que decidieron regresar.
Van a ser quince años del comienzo de ese diálogo con los emigrantes, a través de la radio por internet.
Prosperaron o fracasaron, amaron o dejaron de amar. Hicieron una nueva vida muy lejos. Crecieron. Y vieron cómo crecían sus hijos.
La radio me ha permitido sentir que no hay diferencias entre el oyente que me saluda desde el coche y el que me descubre por internet en Hamburgo.
Ambos completan la ronda intangible de las palabras que pronuncio en la soledad de un estudio de radio.
A todos les debo no estar loco.

Julio Lagos
www.radiolagos.com.ar

Julio Lagos, gracias por compartir este espacio con nosotros,

Grupo Cleopsi 

 


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